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En los últimos diez años, el retroceso económico que sufrió Cuba ha llevado a un deterioro lento pero constante de los servicios de suministro de agua y saneamiento y, como resultado de esto, se ha producido un aumento de las enfermedades transmitidas por el agua. Cuando la escasez de agua en algunas zonas de Cuba tomó dimensiones críticas el año pasado, dos comunidades resolvieron el problema haciéndose cargo del tema.

En Santiago de Cuba, en la parte este de la isla, la escasez de agua fue noticia en agosto del año pasado. Las personas de algunas zonas de la ciudad, como Veguita de Galo, estuvieron sin agua durante 20 días seguidos. En otras zonas, La Torre, por ejemplo, el servicio se interrumpía frecuentemente durante cuatro o cinco días cada vez. Cuando circulaba agua por las tuberías principales de la ciudad, lo hacía, generalmente, durante solo dos o tres horas. Para hacer frente a este suministro incierto, la gente comenzó a almacenar agua por períodos cada vez más prolongados, lo que aumentó el riesgo de contaminación. Asimismo, algunos residentes de Veguita de Galo recurrieron a un pozo particular para obtener agua turbia, salada e insegura para beber.

La situación ya era intolerable incluso antes de esta crisis reciente. Una encuesta reveló que el 16 % de los hogares de Veguita de Galo no tenía acceso a la red de distribución de agua. Incluso en aquellos hogares con tenían acceso, se debía tratar el agua para que fuera segura para el consumo humano. Las instalaciones de la región destinadas a producir el cloro que se utiliza para tratar el suministro de agua de la ciudad han sufrido los efectos del impacto económico producido por el bloqueo comercial de los Estados Unidos, combinado con la caída del bloque soviético. Una encuesta realizada en 1999 mostró que la calidad del agua en 49 de las 50 muestras de agua tomadas en Veguita de Galo era deficiente. El empeoramiento de la situación económica de Cuba también paralizó las tres plantas de tratamiento de aguas residuales de la ciudad, lo que provocó un aumento de las enfermedades parasitarias e infecciosas transmitidas por el agua.

Agua almacenada: reservas peligrosas

A fin de abordar estos problemas, con el apoyo del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC), en octubre de 1998, se creó un equipo de investigación multidisciplinario, conocido como la Junta Provincial, en el Centro Provincial de Higiene y Epidemiología (CPHE), en Santiago de Cuba. Coordinado por el Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología (INHEM), el equipo incluyó un epidemiólogo, dos médicos generalistas, un psicólogo, dos ingenieros, un químico, un técnico en servicios sanitarios y una persona experta en estadísticas. Los consejos de distrito, formados por representantes electos de la comunidad, brindaron una perspectiva local clave en el proceso de investigación.

Los investigadores se centraron en dos áreas del consejo popular de Veguita de Galo, donde se había registrado la tasa más alta de enfermedades transmitidas por el agua. De los 924 residentes encuestados al comienzo del proyecto, casi el 45 % de ellos no trataba su agua. Asimismo, la gente que se veía más directamente afectada por la mala calidad del agua no parecía tener conciencia de los riesgos involucrados en su uso. La encuesta también reveló que casi todas las familias almacenaban su agua, generalmente, en cualquier recipiente y de forma manual.

"Las cisternas contaminadas que se utilizan para almacenar agua son un factor importante de transmisión de enfermedades diarreicas", afirmó Gustavo Marzán, coordinador del proyecto en Santiago de Cuba. "La contaminación se produce cuando las cisternas se sellan de forma incorrecta o los microorganismos de las manos o los utensilios entran en contacto con el agua".

Una solución práctica: los filtros lentos de arena

El principal objetivo del proyecto era la instalación de 703 filtros lentos de arena y un número equivalente de recipientes para almacenar el agua filtrada. Hace algunos años, un grupo de investigadores que contaba con el apoyo del IDRC adaptó esta conocida tecnología de filtro, fácil de usar, a las condiciones habituales del mundo en desarrollo. Se realizaron pruebas de campo en América Latina que demostraron su solidez.

Los filtros se basan en un concepto centenario: el agua gotea a través de una capa de arena y los organismos vivos que forman una capa biológica sobre la superficie de la arena purifican el agua. Estos filtros, con un funcionamiento más simple que el proceso de hervir el agua y con una complejidad técnica muy básica, eliminan casi la totalidad de los parásitos y las bacterias transmitidos por el agua, así como una alta proporción de metales pesados.

Instalación de filtros: un asunto familiar

En enero de 2000, el INHEM entregó la producción de los componentes del filtro a GEOCUBA, una empresa nacional. Las familias instalaron sus propios filtros y tuvieron que encontrar la grava y la arena necesarias para su funcionamiento. Esto, junto con el lavado de la arena y la grava y la posterior clasificación en diferentes tamaños, implicó un proceso largo. Se suministraron los primeros filtros a aquellos hogares que no contaban con servicios de tratamiento de agua y en los que había antecedentes de enfermedades. Los recipientes para almacenamiento se distribuyeron una vez que quedó claro que los filtros funcionaban bien.

"Toda la población se benefició con el proyecto", afirmó Hugo Cuevas, un representante de la comunidad, proveniente de Veguita de Galo. "El proyecto contribuyó a reducir la diarrea. También generó ahorros de tiempo y combustible, porque ya no fue necesario hervir el agua y esperar a que se enfriara. Asimismo, nos acercó a las instituciones gubernamentales, lo que nos permitió conocer mejor sus actividades y trabajar en forma conjunta. Ahora nuestra relación es mucho más sólida".

El enfoque local cambia la orientación del proyecto

El proyecto Agua Segura, tal como se lo llamó, se puso en marcha para evaluar una tecnología destinada al tratamiento del agua en el hogar. No obstante, los investigadores pronto adoptaron un enfoque más amplio y comenzaron a examinar determinados factores del entorno urbano que afectan a la salud humana. En otras palabras, adoptaron un enfoque ecosistémico para la salud humana. Este enfoque, utilizado por primera vez por el IDRC, se basa en la participación de la comunidad. Los miembros de la comunidad identifican los problemas de salud locales y luego trabajan junto con un equipo multidisciplinario de investigadores para descubrir las causas. Casi siempre se da una combinación compleja de factores sociales, económicos y culturales. En Veguita de Galo, por ejemplo, la ignorancia de la gente acerca del peligro que significa consumir agua no tratada, la destrucción de la infraestructura de tratamiento y suministro de agua, la profunda crisis económica nacional y el tiempo que llevó reconocer el problema son factores que afectaron la salud de los residentes.

En consecuencia, el equipo estableció dos nuevas metas: la capacitación del personal de salud y los miembros de la comunidad y la reparación de las instalaciones. En total, participaron en el proyecto alrededor de 860 hogares y 3800 residentes.

Abordaje de las causas subyacentes

El INHEM comenzó por capacitar a los miembros de la comisión provincial y las comisiones de distrito. Con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud en Cuba, dos miembros del equipo asistieron a un taller en Costa Rica sobre filtros lentos de arena. Posteriormente, transmitieron este conocimiento a otros miembros de la comunidad, incluidos los niños en edad escolar. Se capacitó a un grupo de cuatro personas en técnicas microbiológicas destinadas a evaluar la seguridad del agua. Este grupo, a su vez, capacitó a un organismo de monitoreo comunitario.

Se repararon las tuberías principales de agua con el apoyo de la embajada de Canadá, y se reemplazaron 16 válvulas defectuosas destinadas a regular el flujo, aumentar la presión y mejorar el suministro de agua. Asimismo, se resolvieron otros problemas relacionados con el saneamiento ambiental, como el vertido de aguas residuales a través de tuberías agrietadas y rotas.

Un compromiso colectivo

El hecho de dar participación a la comunidad local en la identificación de problemas de salud y en el diseño y la implementación de soluciones ha tenido efectos positivos, tanto en los investigadores como en la comunidad.

“Es la primera vez que la misma comunidad participa en todas las etapas de un proyecto, desde la implementación de la tecnología hasta el monitoreo; desde la evaluación hasta la supervisión", sostuvo Isabel Carbonell, directora del CPHE y una de las principales coordinadoras de Agua Segura. “En otro momento, presentábamos proyectos y los llevábamos a cabo nosotros mismos. Ahora, la comunidad puede gestionar y mantener sus propios proyectos”.

“La población se hizo cargo del proyecto", agregó Regla Cañas, coordinadora principal de proyecto en el INHEM, que actualmente trabaja para UNICEF en La Habana. “Aprendimos a escuchar las soluciones que planteaban las personas para resolver sus problemas. La comunidad nunca participó de manera tan directa en un proyecto. La lección que aprendimos fue que cuanto más cerca de la comunidad trabajemos, mejores resultados obtendremos".

Pascale Bonnefoy es una periodista independiente que vive en Santiago, Chile.

22/02/2002

De sur a norte: el uso de filtros de arena se afianza en Canadá

Un filtro para agua que se utiliza mucho en los países en desarrollo puede resultar igualmente popular en América del Norte y podría haber evitado desastres como el de Walkerton y North Battleford,

de acuerdo con su inventor, David Manz, un exprofesor de Ingeniería Civil de la Universidad de Calgary, quien desarrolló, en 1988, un filtro para agua destinado a suministrar agua potable barata y segura para las comunidades de los países en desarrollo.

Arena: un filtro natural

El filtro se basa en un diseño centenario llamado "filtro lento de arena". El concepto: el agua pasa a través de una capa de arena, y una capa biológica que se forma naturalmente purifica el agua. La principal mejora que introdujo el filtro de Manz fue que no requería un flujo continuo de agua para evitar que se secara la capa superior de arena.

Al ser más simple que el proceso de hervir el agua y con una complejidad técnica muy básica, el diseño tuvo mucho éxito en el extranjero. Se utiliza en más de 50 países, afirma Manz desde la oficina de Calgary de su empresa, Davnor Water Treatment Technologies. Actualmente, Davnor tiene una fábrica en Bangladesh, que ha producido alrededor de 30 000 filtros y opera en Nigeria y Sudáfrica. Los filtros también se utilizan en actividades de organizaciones benéficas y agencias de desarrollo, como el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC), que probó el filtro en comunidades de Chile.

Un método probado para purificar el agua

Barney Dutka, jubilado recientemente del Instituto Nacional de Investigación Hidrológica, probó los primeros diseños del filtro de Manz. “Si se instala correctamente, funciona muy bien", afirma. “Las pruebas demostraron que el filtro eliminó el 100 % de la giardia, el 99,98 % del cryptosporidium y más del 90 % de la E. coli”, señala Dutka. El cryptosporidium fue la causa del brote de agua contaminada en New Battleford, Saskatchewan, mientras que la E. coli fue la bacteria que causó la contaminación del agua en Walkerton.

“Los problemas de Walkerton no habrían existido si se hubiese filtrado el agua con un filtro lento de arena", afirma Manz. “Podrían haber recurrido al mismo encargado de instalación, y no hubieran tenido problemas".

Neutralización de las dificultades

Paradójicamente, surgió un problema con los primeros modelos del filtro de Manz, utilizados en Chile a mediados de la década del 90 en un proyecto financiado por el IDRC, que permitió descubrir que el filtro podía resultar útil en Canadá. “Recibí numerosos llamados de Chile en los que me decían que los filtros se tapaban todo el tiempo. Nadie podía decirme qué estaba ocurriendo", afirma Manz. “Entonces el IDRC me envió al lugar y en seguida entendí por qué se bloqueaban los filtros: se estaban utilizando para la desferrización del agua".

“Esto era muy importante para las comunidades de Chile, porque ya no se les manchaba la ropa en el lavado y el agua sabía mejor", agrega Manz. Si bien el hierro no afecta la seguridad del agua, cuando esta contiene una cantidad suficiente de hierro, puede dejar manchas de color naranja en la ropa. Ocurre que el hierro también constituye uno de los mayores problemas del agua en Canadá. "Este es un gran problema en todo el mundo", sostiene Manz.

Filtros de arena en fincas canadienses

El filtro se modificó para eliminar el hierro sin producir obstrucciones. “Presenté esto aquí en Calgary ante un grupo de la universidad, y todos se entusiasmaron con la eliminación del hierro y me preguntaron si se podría usar en una finca/granja. Yo respondí que por supuesto que se puede, que es algo natural.

Desde ese momento, los filtros se han utilizado durante casi seis años en comunidades agrícolas de todas partes de Alberta, como parte de un proyecto patrocinado por la Administración del restablecimiento agrícola de Prairie Farm (PFRA), del Ministerio de Agricultura y Agroalimentación de Canadá. “Todo marcha sobre ruedas”, afirma Manz sobre el proyecto de PFRA. “Ahora, no solo eliminamos el hierro, sino que sabemos cómo eliminar el sulfuro de hidrógeno, las bacterias de hierro y el resto de las cosas que se pueden encontrar en los pozos”.

Utilizado por corporaciones y comunidades

El filtro, que al principio presentaba un diseño tipo cubo de agua, ha evolucionado hasta incluir grandes sistemas automatizados. “En una reserva autóctona al oeste de Calgary se utilizan filtros incluso más grandes, y la empresa Chevron también los utilizará para comunidades de Nigeria”, afirma Manz.

El precio de los filtros varía: desde $150 los modelos manuales más pequeños, que filtran alrededor de 20 litros de agua por hora, hasta casi $250 000 los más grandes, con sistemas automatizados capaces de suministrar agua a pueblos y comunidades.

Colin Campbell es un escritor independiente que vive en Ottawa.

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Photo: Simone D. McCourtie / World Bank